Después de casi 2 años vuelvo a escribir en este blog, y lo primero que tengo ganas de comentar es un fenómeno que fue creciendo en este tiempo, que hemos bautizado con el nombre de La Grieta.
Según algunos "expertos" en los últimos años nuestra sociedad se dividió en dos grandes grupos, a los que sin embargo (al menos a mí) no me resulta fácil definir de forma imparcial.
Una definición simplificadora podría basarse en el deseo de continuidad o cambio del gobierno kirchnerista y de hecho la coalición que ganó las elecciones, ya desde el nombre intenta agrupar a todos aquel que prefiriera cambiar. El ballotage, en el que la amplísima mayoría (de los que participaron) votó por uno u otro candidato, parece cristalizar la idea de de que la sociedad está prolijamente dividida en dos bandos, que para colmo están casi empatados en cantidad de apoyos. (Claro que el eventual "empate" no sirve para discutir la elección, que en nuestro sistema electoral presidencialista se gana por un voto, pero sí sirve para pintar un panorama del país.)
Tal vez sea obvio, pero creo que conviene decirlo: la foto del ballotage miente un poco. De un lado habrá un espectro grande de gente que va desde los superconvencidos de que Néstor y Cristina Kirchner son lo máximo a lo que puede aspirar nuestro país, pasando por mil variantes de apoyo más o menos crítico, hasta llegar a los que desconfiaban mucho del candidato Scioli pero aún así lo votaron pensando que "Macri es peor". Del otro lado seguramente encontraremos gente que reconoce aciertos al gobierno saliente pero piensa que es valiosa la alternancia o que quiere una continuidad mejorando las formas, la institucionalidad, disminuir la corrupción... hasta quienes piensan que todo lo ocurrido en los últimos 12 años destruyó al país y no ven la hora de deshacer el camino andado y para volver a la Argentina previa al Kirchnerismo y por qué no previa al Peronismo. Hasta existen los que añoran la Belle Epoque del 1900, antes de que la locura populista del voto universal permitiera que el populacho inculto se inmiscuyera en las decisiones del destino de la nación en lugar de reservar ese espacio para las élites ilustradas. En el medio de todo, seguro hay gente a la que le importa muy poco todo esto, que fue a votar sólo porque es obligatorio, que tal vez decidió el último día, incluso en el cuarto oscuro... y que en este escenario tan dividido y tan parejo a veces son los que deciden el destino de la elección.
No es mi intención aquí discutir los argumentos que elige cada uno para decidir su voto, solamente mostrar que la mentada grieta no es tal. Y que por más que la coyuntura a veces nos empuja a tomar una postura, hay un porcentaje importante de personas que votaron sin participar de la creencia de que el depositario de su sufragio haya sido o esté a punto de convertirse en el Salvador de la Patria.
El otro concepto en el título de este artículo es el "conflicto". Me apuro a aclarar que el conflicto es inherente a la sociedad: al interactuar con otras personas es lógico que surgan intereses encontrados, pasa en las sociedades más pequeñas y unidas, como cuando discuto con mi mujer sobre a quién le toca cambiar al bebé :). Las sociedades entonces van generando reglas que permitan dirimir esos conflictos (por ejemplo: lo cambiamos una vez cada uno). En una sociedad más grande que una familia es lógico que esas reglas estén escritas, para definir quién tiene derecho a qué (la ley, en sentido amplio); y que haya un mecanismo para dirimir las disputas (la "justicia") o en algún caso para hacer cumplir los reglamentos por la fuerza a los rebeldes (la policía); incluso suele haber una forma de modificar las reglas escritas.
Pareciera que lo que estoy diciendo es obvio... sin embargo ha sido tema de discusión, e incluso slogan de campaña: terminar con la conflictividad. Se podrán discutir las formas en las que el conflicto se lleva adelante, se podrán discutir si las disputas planteadas son razonables o no, pero "terminar con la conflictividad" es un idealismo inalcanzable, en el cual la nobleza de las personas nos lleve a cada uno a conformarnos con lo que nos toca, nunca dar al otro menos de lo que le corresponde, nunca reclamar más de lo que nos corresponde a nosotros. Ese mundo ideal no existe y por eso necesitamos un Estado, del cual (como ya dije) una buena parte está dedicada a resolver los conflictos entre los ciudadanos.
Más aún, la política es el ámbito en el que se dirimen estos conflictos y las elecciones sirven también para eso, para que sea el conjunto de la sociedad el que tenga (hasta cierto punto, digamos) la última palabra sobre qué camino tomar: realizar una elección es dirimir un conflicto. Negar la existencia de ese conflicto, convertiría a nuestras elecciones en simplemente una puja personal por ver quién llega a presidente, negándonos a los ciudadanos la posibilidad de elegir entre diferentes visiones de lo que es mejor para nuestro país, visiones que no pasen por los nombres propios sino por las políticas a implementar, por la forma en que se reparte la riqueza, por la forma en que se dirimen los conflictos.
Pero entonces, ¿la grieta es el resultado natural del conflicto? No.
(Téngame paciencia que estoy llegando al punto.)
La grieta es la deformación del conflicto, es que no podamos hablar de política en la mesa de navidad porque "es para pelea". Porque para unos, los del otro bando son chorros, corruptos, kukas, choriplaneros, ñoquis, militontos y comprados por las dádivas del estado. Del otro lado, los primeros son cipayos, oligargas, antipatrias. En lo que coincidimos en que los del otro bando tienen el cerebro lavado y por eso es muy difícil hablar de política con semejantes energúmenos.
Sería más fácil si mirás del otro lado de la mesa y ves que no está esa persona que te estás imaginando. Que tu tía macrista no tiene miles de hectáreas de campo, ni administra un fondo buitre, ni fabrica ropa de marca esclavizando adolescentes que ingresaron ilegalmente al país, ni se dedica a importar juguetes chinos producidos por niños igualmente esclavizados pero más lejos. O que tu primo kirchnerista tampoco cobra sobresueldos del estado a cambio de llenar la plaza de gente a la que lleva en micro obligada o a cambio de un chori, y en cambio se rompe el lomo laburando y para colmo la AFIP no le deja comprar dólares para ahorrar igual que avos. Y ambos opinan lo que opinan porque les pinta y no porque nadie les pague.
Entonces, me tengo que avivar de que el otro lado de la grieta no es mi tía Chola. Si hay una grieta, tiene que ser por un conflicto importante, que atraviesa a la sociedad. Para mí ese conflicto es con la gente que se beneficia con la pobreza de otros, fundamentalmente grandes empresarios y políticos corruptos (creo que conviene agregar a esa lista a los "formadores de opinión", pero dejemos eso por ahora). En la próxima reunión familiar, mirá del otro lado de la mesa y fijate si ves a uno de esos tipos. O también, antes de postear un insulto en facebook, revisá tu lista de "amigos" y fijate cuántos de ellos se ganan la vida en base a joder a otro. Apuesto a que no encontrás muchos.
Por favor que no se entienda esto como un comentario de autoayuda o de buena onda navideña "amíguese con su abuelo fascista que por ahí el año que viene ya no está". No. Lo que estoy diciendo es que prestemos atención, a ver si no estamos peleando una lucha que no es la nuestra, que estamos divididos por una grieta que no es tan "esencial" como parece. Y que tenemos que repensar cuáles son los verdaderos conflictos que nos atraviesan día a día, entender quiénes son los que se benefician con que este país no crezca todo lo que podría, con que haya inflación, con que suba el dólar o el desempleo o que bajen los salarios y jubilaciones, a quién le conviene que vos no podés llegar nunca a comprarte la casita o el auto que querés. Si seguimos peleándonos entre nosotros los perejiles sin darnos cuenta de que estamos del mismo lado de la grieta, en cualquier momento nos hacen cartera.
PD: Un ejemplo de gente que entiende por dónde pasa la grieta: Randy Stagnaro, de Tiempo/Grupo 23, y Francisco Rabini, de Clarín.
domingo, 3 de enero de 2016
miércoles, 13 de marzo de 2013
Las repercusiones del Papa argentino
Un gran revuelo se produjo esta tarde a partir de que el cardenal Jean-Louis Tauran anunció que Jorge Bergoglio fue elegido como el nuevo Papa. Muchos se alegraron de tener un Papa argentino, lo vivieron como una fiesta, despertando orgullos nacionales en lugares donde uno menos se lo espera.
Otros en cambio no pudimos compartir esa alegría. Es que Bergoglio es un personaje (por lo menos) contradictorio, acusado de colaborar con la dictadura y portavoz de consignas muy discriminatorias en contra de los homosexuales. No me voy a extender en el tema porque ya se habló todo el día en el Facebook. En cambio, tengo ganas de hablar de las repercusiones que tuve al publicar una foto en la que Bergoglio aparece dándole la comunión a Videla.
La verdad no esperaba semejante repercusión. No esperaba herir tantas susceptibilidades. Sí, ahora me doy cuenta de que era muy inocente, tal vez sea tarde. Creo que muchos lo tomaron como una ofensa contra ellos, contra el cristianismo, contra la religión, contra sus creencias. Y eso me disparó a escribir un poco, porque yo lo veo exactamente al revés. Para mí son los personajes como Bergoglio los que denigran al cristianismo o a cualquier otra religión.
Yo nací en una familia católica. Muy católica, al menos en aquel entonces. Fui bautizado, tomé la comunión y la confirmación. Ya de chico yo no era de hacer las cosas a medias, así que para mí sentirme católico implicaba ir todos los domingos a misa. Incluso fui monaguillo y luego me sumé a la Juventud de Acción Católica. Hasta formaba parte de un grupo que acompañaba las canciones tocando la guitarra.
Más tarde, de adolescente, empecé a dudar de la Fé. Tal vez fue mi educación, que iba para el lado de la ciencia, la que me hizo dudar de los dogmas, discutir la teología. Por ejemplo, comenzaba a curiosear sobre la creación del Universo y esas teorías me cerraron más que la teoría creacionista que me explicaban en la parroquia. (Hoy tal vez son otras las cosas que tengo ganas de discutir, pero entonces tendría 13 o 14 años.)
Sin embargo, recuerdo con alegría y con cariño esos años en los que participaba activamente de las actividades en la parroquia del barrio. Es que en este mundo donde todo parece ser gobernado por el individualismo y en el que el que invierte tiempo en algo que no produce Dinero se lo considera un salame, ahí en la parroquia conocí gente que iba a donar su tiempo sin pedir nada a cambio y que me enseñaron algunos principios que luego me guiaron hasta el día de hoy. Me enseñaron a ser generoso, a compartir con los demás, a ayudar siempre que me sea posible, a no esperar nada a cambio de mi ayuda, y muchas otras cosas más.
Por eso, si bien hoy ya no me considero católico, creo que Bergoglio no es un fiel representante de todo lo que yo aprendí en la Iglesia y de esas personas que me enseñaron a ser una mejor persona. En Bergoglio veo todo lo contrario a eso que yo aprendí a respetar de mis amigos católicos. Por eso no comparto la alegría y no comparto la defensa que se hace de Bergoglio. A menos que entendamos por catolicismo algo totalmente distinto.
Me moviliza profundamente la gente que defiende a Bergoglio. Alguno me dijo que yo estaba equivocado, que las acusaciones eran infamias. Bueno, supongo que cada uno puede dudar de la causa de los dos curas jesuitas desaparecidos y de los jueces actuando en esa causa, pero yo creo que hay algunos indicios fuertes, en particular Videla confesando que había tenido el apoyo de la Iglesia mientras fue presidente. Y otras fueron acciones públicas que no admiten discusión, como la propuesta de poner a todos los homosexuales en una isla o de llamar a una "guerra" (sí, esa palabra usó) contra el matrimonio gay.
Luego aparece otro argumento, que quiero destacar porque parece estar de moda en la Argentina, "miremos hacia el futuro, olvidemos el pasado". ¿En serio queremos olvidar el pasado? ¿No nos importa si el Papa es cómplice de la dictadura? Escucho mucho esto, "debemos perdonar". Y yo pregunto, si a vos te hubiera desaparecido un familiar, ¿opinarías igual?
Todo juicio que se haga, a cualquier persona, será sobre un delito cometido en el pasado. La justicia (al menos la justicia penal) siempre juzga sobre lo que ocurrió en el pasado, olvidar el pasado es negar la posibilidad de que un delincuente pague por sus actos.
Por último, aparece este otro argumento. No voy a dar nombres pero me voy a atrever a citarlo textual:
Y termino diciendo que de ninguna manera pretendo que Bergoglio sea investigado por exponer sus diferencias. En cambio sí quisiera que se investigue si fue o no complice en la desaparición de dos personas (¿es posible ahora que es Sumo Pontífice?). Esas dos personas eran dos curas jesuitas, por si quedan dudas de que esto no es en contra de la religión. Y son dos personas que no tuvieron el derecho a pensar distinto ni la posibilidad de un juicio justo, cosas que sí tiene el señor Bergoglio.
Otros en cambio no pudimos compartir esa alegría. Es que Bergoglio es un personaje (por lo menos) contradictorio, acusado de colaborar con la dictadura y portavoz de consignas muy discriminatorias en contra de los homosexuales. No me voy a extender en el tema porque ya se habló todo el día en el Facebook. En cambio, tengo ganas de hablar de las repercusiones que tuve al publicar una foto en la que Bergoglio aparece dándole la comunión a Videla.
La verdad no esperaba semejante repercusión. No esperaba herir tantas susceptibilidades. Sí, ahora me doy cuenta de que era muy inocente, tal vez sea tarde. Creo que muchos lo tomaron como una ofensa contra ellos, contra el cristianismo, contra la religión, contra sus creencias. Y eso me disparó a escribir un poco, porque yo lo veo exactamente al revés. Para mí son los personajes como Bergoglio los que denigran al cristianismo o a cualquier otra religión.
Yo nací en una familia católica. Muy católica, al menos en aquel entonces. Fui bautizado, tomé la comunión y la confirmación. Ya de chico yo no era de hacer las cosas a medias, así que para mí sentirme católico implicaba ir todos los domingos a misa. Incluso fui monaguillo y luego me sumé a la Juventud de Acción Católica. Hasta formaba parte de un grupo que acompañaba las canciones tocando la guitarra.
Más tarde, de adolescente, empecé a dudar de la Fé. Tal vez fue mi educación, que iba para el lado de la ciencia, la que me hizo dudar de los dogmas, discutir la teología. Por ejemplo, comenzaba a curiosear sobre la creación del Universo y esas teorías me cerraron más que la teoría creacionista que me explicaban en la parroquia. (Hoy tal vez son otras las cosas que tengo ganas de discutir, pero entonces tendría 13 o 14 años.)
Sin embargo, recuerdo con alegría y con cariño esos años en los que participaba activamente de las actividades en la parroquia del barrio. Es que en este mundo donde todo parece ser gobernado por el individualismo y en el que el que invierte tiempo en algo que no produce Dinero se lo considera un salame, ahí en la parroquia conocí gente que iba a donar su tiempo sin pedir nada a cambio y que me enseñaron algunos principios que luego me guiaron hasta el día de hoy. Me enseñaron a ser generoso, a compartir con los demás, a ayudar siempre que me sea posible, a no esperar nada a cambio de mi ayuda, y muchas otras cosas más.
Por eso, si bien hoy ya no me considero católico, creo que Bergoglio no es un fiel representante de todo lo que yo aprendí en la Iglesia y de esas personas que me enseñaron a ser una mejor persona. En Bergoglio veo todo lo contrario a eso que yo aprendí a respetar de mis amigos católicos. Por eso no comparto la alegría y no comparto la defensa que se hace de Bergoglio. A menos que entendamos por catolicismo algo totalmente distinto.
Me moviliza profundamente la gente que defiende a Bergoglio. Alguno me dijo que yo estaba equivocado, que las acusaciones eran infamias. Bueno, supongo que cada uno puede dudar de la causa de los dos curas jesuitas desaparecidos y de los jueces actuando en esa causa, pero yo creo que hay algunos indicios fuertes, en particular Videla confesando que había tenido el apoyo de la Iglesia mientras fue presidente. Y otras fueron acciones públicas que no admiten discusión, como la propuesta de poner a todos los homosexuales en una isla o de llamar a una "guerra" (sí, esa palabra usó) contra el matrimonio gay.
Luego aparece otro argumento, que quiero destacar porque parece estar de moda en la Argentina, "miremos hacia el futuro, olvidemos el pasado". ¿En serio queremos olvidar el pasado? ¿No nos importa si el Papa es cómplice de la dictadura? Escucho mucho esto, "debemos perdonar". Y yo pregunto, si a vos te hubiera desaparecido un familiar, ¿opinarías igual?
Todo juicio que se haga, a cualquier persona, será sobre un delito cometido en el pasado. La justicia (al menos la justicia penal) siempre juzga sobre lo que ocurrió en el pasado, olvidar el pasado es negar la posibilidad de que un delincuente pague por sus actos.
Por último, aparece este otro argumento. No voy a dar nombres pero me voy a atrever a citarlo textual:
tenemos DERECHO a exponer nuestras diferencias sin TEMOR a ser excluidos o investigados por elloLo traigo a colación porque es un discurso que le gusta repetir a alguna gente, que yo de cierta manera asocio con la derecha o con el autoritarismo. TODOS debemos tener derecho a decir lo que pensamos, entonces espero que ese todos me incluya a mí también. Vos tendrás tu derecho a decir lo que pienses de Bergoglio, sin temor. Y yo pretendo tener el mismo derecho. Hoy por ejemplo, no me pasó, cuando dije lo que pensaba recibí una catarata de insultos.
Y termino diciendo que de ninguna manera pretendo que Bergoglio sea investigado por exponer sus diferencias. En cambio sí quisiera que se investigue si fue o no complice en la desaparición de dos personas (¿es posible ahora que es Sumo Pontífice?). Esas dos personas eran dos curas jesuitas, por si quedan dudas de que esto no es en contra de la religión. Y son dos personas que no tuvieron el derecho a pensar distinto ni la posibilidad de un juicio justo, cosas que sí tiene el señor Bergoglio.
domingo, 10 de febrero de 2013
Escraches
Esta semana, el escrache contra Kicillof cuando volvía de sus vacaciones en un ferry de Buquebus se llevó un lugar no trivial en la agenda de los medios informativos y de algunos políticos. Las opiniones al respecto son las de rigor: de un lado el oficialismo sobreactúa la indignación, del otro lado hay más variantes, desde el repudio liso y llano (que son pocos, y tampoco me lo creo demasiado), pasando por algún periodista de TN que "repudia pero comprende" hasta los más cínicos que impúdicamente culparon al kirchnerismo (y uno no sabe si reirse o temerles).
Vale la pena detenerse en el repudio al escrache, fundamentalmente en los argumentos esgrimidos para tal rechazo. Se repudia al escrache por considerarlo una acción violenta y se apuran a aclarar que se oponen "a todas las formas de violencia". Con frecuencia detrás de esas afirmaciones, disfrazadas de pacifismo, se esconde el rechazo a la posibilidad de que el pueblo de a pie se exprese libremente, que tome acciones que no pueden ser controladas tan fácilmente.
Ese tipo de acciones son fundamentales para una democracia real y son parte integral de un pueblo libre. Son las manifestaciones del ciudadano de a pie, un escrache, una huelga, un piquete, un acampe, una marcha. Estas manifestaciones existen porque no hay un camino institucional que les dé lugar, porque los que las realizan no tienen la posibilidad de que un abogado exitoso lleve su caso, o porque tal vez ni siquiera pasa que la ley contempla su problema. Exigirles que se adecuen a un proceder institucional, es perpetuar la denegación de justicia que están reclamando.
Un ejemplo clarificador de escrache es el realizado por familiares de desaparecidos en contra de los represores de la dictadura. Entre otros, se hacían contra personajes que habían sido condenados en el juicio a las juntas, y luego indultados por Menem. Los escrachantes eran personas que habían perdido un familiar y que reclamaban que ese crimen no quede impune, o tener alguna información del paradero de la persona. Luego del indulto, de las leyes bochornosas de obediencia debida y punto final, la posibilidad de justicia por vía institucional era nula. El escrache es el único recurso posible, es la justicia del pueblo, podrán no estar presos, pero nosotros no nos vamos a olvidar. "Donde vayan los iremos a buscar". Un pequeño grito desesperado en contra de una impunidad gigantesca.
En el otro extremo, se abuchea a Kicillof. No tengo conocimiento de algún delito que se le impute. Los gritos no son esclarecedores, más allá de los genéricos "corrupto" o "ladrón", queda una fuerte sensación de que el mayor pecado del viceministro de economía es pertenecer a un gobierno que no les agrada o hablar a favor de algunas políticas impopulares para ciertos sectores, la más notoria: la restricción a la compra de dólares. La sensación cobra aún más fuerza cuando se pasa al insulto. "Puto", "judio", "marxista", no suenan a buenos motivos para un escrache, y huelgan las palabras para el que desde la multitud la grita "cagón". No parece entonces que haya una real necesidad de esa forma de expresión, no estamos hablando de un gran delincuente que usando su asombroso poder para escabullirse de una condena, tal vez ese escrache podría impulsarse contra Boudou, pero no contra Kicillof (y seguramente no tienen autoridad moral para hacerlo la gran multitud de porteños que votaron a otro procesado para jefe de gobierno).
Los dos escraches son muy distintos. ¿Quién decide cuál es legítimo y cuál no? Por supuesto que ahí está la complicación, esa es la disputa, como se dirimen esas legitimidades. En realidad estos dos parecen difíciles de discutir (aunque seguramente no faltará quien tenga ganas de hacerlo), pero está lleno de casos más complejos, ¿dónde está el límite entre una huelga de trabajadores que reclaman por un derecho y una extorsión realizada por un sindicato poderoso? Atarlo a las leyes es una tentación que sentirán muchos, sin embargo, ¿cómo se logra que una ley cambie? ¿cómo se logró en toda la historia el reconocimiento de derechos que hoy nos resultan obvios y antes eran impensables. Igualar todas estas acciones, calificarlas a todas de violentas y repudiarlas porque no se ajustan a una ley previa es negar la posibilidad de que esos derechos sigan apareciendo y que nuestra sociedad evolucione reconociéndolos.
Vale la pena detenerse en el repudio al escrache, fundamentalmente en los argumentos esgrimidos para tal rechazo. Se repudia al escrache por considerarlo una acción violenta y se apuran a aclarar que se oponen "a todas las formas de violencia". Con frecuencia detrás de esas afirmaciones, disfrazadas de pacifismo, se esconde el rechazo a la posibilidad de que el pueblo de a pie se exprese libremente, que tome acciones que no pueden ser controladas tan fácilmente.
Ese tipo de acciones son fundamentales para una democracia real y son parte integral de un pueblo libre. Son las manifestaciones del ciudadano de a pie, un escrache, una huelga, un piquete, un acampe, una marcha. Estas manifestaciones existen porque no hay un camino institucional que les dé lugar, porque los que las realizan no tienen la posibilidad de que un abogado exitoso lleve su caso, o porque tal vez ni siquiera pasa que la ley contempla su problema. Exigirles que se adecuen a un proceder institucional, es perpetuar la denegación de justicia que están reclamando.
Un ejemplo clarificador de escrache es el realizado por familiares de desaparecidos en contra de los represores de la dictadura. Entre otros, se hacían contra personajes que habían sido condenados en el juicio a las juntas, y luego indultados por Menem. Los escrachantes eran personas que habían perdido un familiar y que reclamaban que ese crimen no quede impune, o tener alguna información del paradero de la persona. Luego del indulto, de las leyes bochornosas de obediencia debida y punto final, la posibilidad de justicia por vía institucional era nula. El escrache es el único recurso posible, es la justicia del pueblo, podrán no estar presos, pero nosotros no nos vamos a olvidar. "Donde vayan los iremos a buscar". Un pequeño grito desesperado en contra de una impunidad gigantesca.
En el otro extremo, se abuchea a Kicillof. No tengo conocimiento de algún delito que se le impute. Los gritos no son esclarecedores, más allá de los genéricos "corrupto" o "ladrón", queda una fuerte sensación de que el mayor pecado del viceministro de economía es pertenecer a un gobierno que no les agrada o hablar a favor de algunas políticas impopulares para ciertos sectores, la más notoria: la restricción a la compra de dólares. La sensación cobra aún más fuerza cuando se pasa al insulto. "Puto", "judio", "marxista", no suenan a buenos motivos para un escrache, y huelgan las palabras para el que desde la multitud la grita "cagón". No parece entonces que haya una real necesidad de esa forma de expresión, no estamos hablando de un gran delincuente que usando su asombroso poder para escabullirse de una condena, tal vez ese escrache podría impulsarse contra Boudou, pero no contra Kicillof (y seguramente no tienen autoridad moral para hacerlo la gran multitud de porteños que votaron a otro procesado para jefe de gobierno).
Los dos escraches son muy distintos. ¿Quién decide cuál es legítimo y cuál no? Por supuesto que ahí está la complicación, esa es la disputa, como se dirimen esas legitimidades. En realidad estos dos parecen difíciles de discutir (aunque seguramente no faltará quien tenga ganas de hacerlo), pero está lleno de casos más complejos, ¿dónde está el límite entre una huelga de trabajadores que reclaman por un derecho y una extorsión realizada por un sindicato poderoso? Atarlo a las leyes es una tentación que sentirán muchos, sin embargo, ¿cómo se logra que una ley cambie? ¿cómo se logró en toda la historia el reconocimiento de derechos que hoy nos resultan obvios y antes eran impensables. Igualar todas estas acciones, calificarlas a todas de violentas y repudiarlas porque no se ajustan a una ley previa es negar la posibilidad de que esos derechos sigan apareciendo y que nuestra sociedad evolucione reconociéndolos.
domingo, 3 de febrero de 2013
¿Está prohibico crear?
Otra reproducción, una frase de Galeano al recibir el premio ALBA de las letras 2012:
el desarrollo del ALBA es una de las más eficaces respuestas al sistema mundial de poder que nos invita a escupir al espejo y nos obliga a aceptar la impotencia como destino. Queremos ser cuerpos, no sombras: queremos ser voces, no ecos. Reivindicamos la dignidad, la solidaridad y la diversidad. Nos negamos a aceptar la orden de elegir entre las dos maneras de morir que el sistema nos ofrece: no queremos morir de hambre ni aburrimiento. Este mundo es muy injusto, muy desigual en las oportunidades que brinda y muy igualador en las costumbres que impone. ¿Tenemos solamente el derecho de copiar? ¿Está prohibido crear?
Roberto Cossa en La Nación
Reproduzco un pedacito de la nota de Pablo Sirvén a Roberto Cossa, publicada hoy en La Nación.
-¿Es más cómodo para un progresista estar en la oposición? ¿Qué sensaciones se tiene cuando hay un gobierno que empieza a hacer cosas que vos añorabas desde hace mucho?
-La sociedad ha dado un paso adelante, de acuerdo a mi visión del mundo. Creo que hay que defender ese paso, salvo que venga un proyecto serio de poder que lo supere. En esta instancia, uno a veces se pone demasiado oficialista.
-¿Por qué?
-Porque hay demasiada oposición y muy ofensiva. Están todos a los gritos. Se ven ciertas cosas indignas. Por otro lado, a veces no se responde como debe ser. Así somos los seres humanos en este país. Tengo formación política más o menos desde fines del primer peronismo. Yo era socialista, opositor acérrimo, gorila. Y a los dos años empecé a rever eso. Vino Aramburu, Rojas, Onganía, Menem. Hay que ubicarse en el país que vivimos. Apoyo plenamente la política de derechos humanos que no la hubiera soñado. Se está avanzando muchísimo aún con la sociedad fragmentada. Luchar contra los monstruos del poder económico no debe ser fácil. Defiendo el proyecto en sí, más allá si gritan o van a hoteles caros...son detalles. Ojalá aparezca un proyecto superador que no altere las bases de los derechos humanos, el enfrentamiento al poder económico y la mucha presencia del Estado.
¿ El problema de los socialistas con el peronismo fue más bien estético? Aquellos eran sobrios y ascéticos, pero es Perón el que desprolijamente pone en marcha muchas de las cosas que auspiciaba el socialismo.
-Era un tema cultural. Los socialistas son bastante conservadores y pacatos. Son formales, no tienen mucho vínculo con lo popular, no sé ahora.
La palabra "formal" es compleja porque puede querer indicar nada más que algo burocrático o afectado, pero también refiere al respeto a la Constitución y a las leyes. Ahí a veces el peronismo con tal de conseguir algunas cosas...
-El peronismo es plebeyo. Peronismo es Menem y Cooke. Los peronistas son tipos gritones, pero del otro lado también hay intemperantes.
-¿Sos de Carta Abierta?
-No. Los leo, los aprecio mucho, pero no tengo tiempo para ir y participar.
-¿No creés que el intelectual tiene que estar siempre colocado en un lugar de incomodidad, no de conformismo, enunciando desde cierto malestar?
-¿Pero conformista respecto a qué? Creo que hay que estar separado del Gobierno, pero yo personalmente no tengo más que simpatías. Fui convocado como presidente de Argentores a dos o tres recepciones a presidentes latinoamericanos. Hace dos años cumplimos cien años y la Presidenta nos dio una audiencia de una hora. En el Salón de los Pensadores y Escritores de la Casa de Gobierno han puesto una foto mía, lo cual es un honor y me alegra mucho. Este gobierno hace muchas cosas que yo quería, dejando a un costado detalles como la fortuna de la Presidenta.
-Ahí voy: ese conflicto parece interesante para un intelectual, por más que pueda adherir al Gobierno. ¿Por qué no abordarlo?
-Está todo tan irritado que uno siente que primero hay que discutir los grandes temas. A mí lo que me molesta de la oposición es que ha entrado en un círculo a veces pequeño por tonterías, aunque a veces, no.
-El kirchnerismo lleva tres gobiernos y nueve años en el poder. Más allá de la apuesta al consumo, la cantidad de gente joven que no trabaja es impresionante.
-Es mucha y hay un 40 por ciento de trabajo en negro. Pero cuando llegaron había un 20 por ciento de desocupación y ahora hay 7. De todos modos, mientras haya un solo chico con hambre en algún punto la democracia fracasa. Es un país complicado con un poder económico que tiene fuerza de poder político. Cada vez que un gobierno intentó cambiar algo venía el golpe militar.
-¡Pero eso ya hace treinta años que no pasa!
-Afortunadamente, pero hay golpes económicos. Lo que le pasó a Alfonsín, no lo voltearon los militares sino un golpe de mercado.
viernes, 14 de septiembre de 2012
¿Qué nos dejó el cacerolazo?
La de ayer fue tal vez la manifestación opositora más masiva desde la 125. Miles de personas salieron a las calles con sus cacerolas, muchos se acercaron a la plaza de mayo, otros lo hicieron en alguna esquina notoria de su barrio. No es fácil encontrar un mensaje único en el reclamo, más allá de la oposición al gobierno kirchnerista. Aún los canales opositores no se ponían de acuerdo en cuál fue el motivo principal de la convocatoria. Tampoco hubo banderas políticas, más allá de la "anti-K" o alguna defensa de otras organizaciones enfrentadas con el gobierno, con carteles tipo "TN no miente. Kretina miente y roba".
Para entender las consecuencias de esta manifestación, quise tratar de identificar cuáles eran sus reclamos. Desde ya que no es fácil, era una multitud sin demasiados lineamientos en común, que iba desde la más extrema derecha militarista hasta grupos mucho más moderados y conservadores. Tal vez la ausencia de banderas políticas se explique por esa disgregación, y tal vez los políticos opositores fueron inteligentes al esquivar una convocatoria más clara de su parte; cualquier político opositor convocando hubiera restado adhesiones antes que sumarlas.
Yendo a los reclamos, arranco por uno que me parece de los más claros: el fin a las restricciones cambiarias. El tema en sí deja mucha tela para cortar que prefiero no profundizar en este momento, sin embargo, a diferencia de algunas opiniones que escucho, no creo que sea ÉL motivo de la manifestación. En todo caso tal vez sea el detonante de los últimos meses, pero no es la principal causa del descontento.
Los demás reclamos me parecen menos claros. Por ejemplo, se reclama seguridad y se protesta por la corrupción, pero ¿por qué entonces la manifestación es únicamente anti-K? Si bien no es fácil medirlo, uno tiende a suponer que muchas de esas personas votaron a Macri, uno de los dirigentes más sospechados de corrupción de la Argentina, tanto ahora desde el gobierno como antes desde su posición empresaria. De la misma manera, la seguridad no es una responsabilidad exclusiva del gobierno nacional; la ciudad tiene su propia policía y todas las provincias no-K también.
Por supuesto que no está mal quejarse de la corrupción y reclamar seguridad, pero apuntar el reclamo a un único partido político para mí le quita peso al reclamo. Si yo protesto por la corrupción de unos y no de otros, entonces eso deja un tufillo a que el reclamo es más anti-K que anti-corrupción.
Los últimos reclamos que identifico tienden a reforzar mi sospecha. Se habla de violencia y de falta de diálogo de parte del Gobierno, sin embargo estas son las manifestaciones más violentas que yo haya visto en la Argentina desde 2001. No ví ese nivel de agresión nunca en una convocatoria K o Moyanista. A lo mejor uno encuentra un insulto, pero nunca algo parecido "Andá con Néstor".
Acá hay que tener cuidado, porque en la tele es fácil encontrarse con que la cámara toma a los más exaltados y no se debe generalizar: que un energúmeno desbocado grite barbaridades a una cámara, no significa que los cientos o miles de personas detrás no puedan ser mucho más razonables y pensantes.
Sin embargo, en mis conversaciones con antikirchneristas suelo encontrar más "yo la odio" que argumentos concretos o posiciones sobre qué debería hacer el gobierno para detener la inflación. Se habla mucho de crispación o de polarización... para mí hoy en día es muy notorio que el estado de violencia se fogonea mucho más desde la oposición que desde el kirchnerismo.
Ojo, yo no digo que el kirchnerismo sea inocente. Hay mucho K que salió a decir "LTA" cuando ganaron con el 54%. Sin embargo, es el programa de Lanata el que arranca mandando fuck yous, mientras que 678 recibe saludos y caras sonrientes. Es la revista Noticias la que saca una tapa agresiva y misógina con la presidenta masturbándose. Son los medios y políticos opositores los que empujan el "no te tenemos miedo", basandose en una tergiversación intencionada de los dichos de la presidenta.
Finalmente aparecen reclamos que tienen que ver con la institucionalidad y la Constitución. La verdad es que no me los creo mucho... en la misma manifestación en la que hay gente reclamando que no se respeta la Constitución hay otros pidiendo que la presidenta se vaya. La constitución le da 4 años, faltan 3.
Ojo, yo no me asusto por alguien que pida que un mandatario electo se vaya antes de tiempo. Creo que es un derecho que se les debe dar a los electores. Si yo elegí a alguien bajo ciertas premisas y ese alguien no las cumple yo debería tener derecho a revocar el mandato. Para mí debería ser un derecho constitucional.
Pero no creo que sea el caso. Creo que la gran mayoría del 54% que la votó el año pasado la volvería a votar. Prueba de eso es miedo de los opositores a la "re-re" (otro tema que daría para largo): si no pensaran que Cristina vuelve a ganar, no habría por qué temerle a que se presente. Entonces, no creo que estemos hablando de un gobernante que está haciendo algo opuesto a lo que sus votantes quieren y por lo tanto los que quieren que la presidenta no termine su mandato, no se están oponiendo a una persona sino también a ese 54% que la votó. Lo grave no es que sean destituyentes, lo grave es que son antidemocráticos.
De nuevo, es seguro que no todos los que estaban ayer en la plaza piensan así. Que en la madeja de individuos que había ayer, algunos quieren respetar la constitución y a otros no les importa nada, sólo quieren que termine el calvario que les representa este gobierno. Algunos serán violentos y otros serán muy pacíficos y sólo reclaman porque se sienten vulnerados en algún derecho.
Pues bien, aplaudo que se manifiesten, que reclamen lo que les parezca. Que hayan salido a la calle. Aplaudo siempre la participación política de la gente común, pero aún más en este caso porque tengo la sensación de que representan a grupos de gente que tradicionalmente desprecian la política. Salir a la calle, ir a la plaza es dar un paso al frente, comprometerse, militar. Representa un cambio frente a la antipolítica de décadas pasadas, que me parece muy saludable, más allá de que uno esté de acuerdo o no con la visión que proponen. La antipolítica es una bandera de los que saben que sus objetivos sólo son posibles si el pueblo está adormecido.
Aplaudo el despertar político, pero si me permiten una opinión, creo que deberían tener cuidado. Cuidado con que la mezcolanza de visiones no termine en un vacío de propuestas, en una mera confluencia anti-K sin ningún futuro. Cuidado con que los violentos y los antidemocráticos no les ocupen ese espacio que se abre. Cuidado con que el "odio a la yegua" no le gane a la búsqueda de argumentos más concisos y propuestas alternativas. Y cuidado de no estar siendo usados para favorecer los intereses de otros que sólo miran su propio beneficio.
Para entender las consecuencias de esta manifestación, quise tratar de identificar cuáles eran sus reclamos. Desde ya que no es fácil, era una multitud sin demasiados lineamientos en común, que iba desde la más extrema derecha militarista hasta grupos mucho más moderados y conservadores. Tal vez la ausencia de banderas políticas se explique por esa disgregación, y tal vez los políticos opositores fueron inteligentes al esquivar una convocatoria más clara de su parte; cualquier político opositor convocando hubiera restado adhesiones antes que sumarlas.
Yendo a los reclamos, arranco por uno que me parece de los más claros: el fin a las restricciones cambiarias. El tema en sí deja mucha tela para cortar que prefiero no profundizar en este momento, sin embargo, a diferencia de algunas opiniones que escucho, no creo que sea ÉL motivo de la manifestación. En todo caso tal vez sea el detonante de los últimos meses, pero no es la principal causa del descontento.
Los demás reclamos me parecen menos claros. Por ejemplo, se reclama seguridad y se protesta por la corrupción, pero ¿por qué entonces la manifestación es únicamente anti-K? Si bien no es fácil medirlo, uno tiende a suponer que muchas de esas personas votaron a Macri, uno de los dirigentes más sospechados de corrupción de la Argentina, tanto ahora desde el gobierno como antes desde su posición empresaria. De la misma manera, la seguridad no es una responsabilidad exclusiva del gobierno nacional; la ciudad tiene su propia policía y todas las provincias no-K también.
Por supuesto que no está mal quejarse de la corrupción y reclamar seguridad, pero apuntar el reclamo a un único partido político para mí le quita peso al reclamo. Si yo protesto por la corrupción de unos y no de otros, entonces eso deja un tufillo a que el reclamo es más anti-K que anti-corrupción.
Los últimos reclamos que identifico tienden a reforzar mi sospecha. Se habla de violencia y de falta de diálogo de parte del Gobierno, sin embargo estas son las manifestaciones más violentas que yo haya visto en la Argentina desde 2001. No ví ese nivel de agresión nunca en una convocatoria K o Moyanista. A lo mejor uno encuentra un insulto, pero nunca algo parecido "Andá con Néstor".
Acá hay que tener cuidado, porque en la tele es fácil encontrarse con que la cámara toma a los más exaltados y no se debe generalizar: que un energúmeno desbocado grite barbaridades a una cámara, no significa que los cientos o miles de personas detrás no puedan ser mucho más razonables y pensantes.
Sin embargo, en mis conversaciones con antikirchneristas suelo encontrar más "yo la odio" que argumentos concretos o posiciones sobre qué debería hacer el gobierno para detener la inflación. Se habla mucho de crispación o de polarización... para mí hoy en día es muy notorio que el estado de violencia se fogonea mucho más desde la oposición que desde el kirchnerismo.
Ojo, yo no digo que el kirchnerismo sea inocente. Hay mucho K que salió a decir "LTA" cuando ganaron con el 54%. Sin embargo, es el programa de Lanata el que arranca mandando fuck yous, mientras que 678 recibe saludos y caras sonrientes. Es la revista Noticias la que saca una tapa agresiva y misógina con la presidenta masturbándose. Son los medios y políticos opositores los que empujan el "no te tenemos miedo", basandose en una tergiversación intencionada de los dichos de la presidenta.
Finalmente aparecen reclamos que tienen que ver con la institucionalidad y la Constitución. La verdad es que no me los creo mucho... en la misma manifestación en la que hay gente reclamando que no se respeta la Constitución hay otros pidiendo que la presidenta se vaya. La constitución le da 4 años, faltan 3.
Ojo, yo no me asusto por alguien que pida que un mandatario electo se vaya antes de tiempo. Creo que es un derecho que se les debe dar a los electores. Si yo elegí a alguien bajo ciertas premisas y ese alguien no las cumple yo debería tener derecho a revocar el mandato. Para mí debería ser un derecho constitucional.
Pero no creo que sea el caso. Creo que la gran mayoría del 54% que la votó el año pasado la volvería a votar. Prueba de eso es miedo de los opositores a la "re-re" (otro tema que daría para largo): si no pensaran que Cristina vuelve a ganar, no habría por qué temerle a que se presente. Entonces, no creo que estemos hablando de un gobernante que está haciendo algo opuesto a lo que sus votantes quieren y por lo tanto los que quieren que la presidenta no termine su mandato, no se están oponiendo a una persona sino también a ese 54% que la votó. Lo grave no es que sean destituyentes, lo grave es que son antidemocráticos.
De nuevo, es seguro que no todos los que estaban ayer en la plaza piensan así. Que en la madeja de individuos que había ayer, algunos quieren respetar la constitución y a otros no les importa nada, sólo quieren que termine el calvario que les representa este gobierno. Algunos serán violentos y otros serán muy pacíficos y sólo reclaman porque se sienten vulnerados en algún derecho.
Pues bien, aplaudo que se manifiesten, que reclamen lo que les parezca. Que hayan salido a la calle. Aplaudo siempre la participación política de la gente común, pero aún más en este caso porque tengo la sensación de que representan a grupos de gente que tradicionalmente desprecian la política. Salir a la calle, ir a la plaza es dar un paso al frente, comprometerse, militar. Representa un cambio frente a la antipolítica de décadas pasadas, que me parece muy saludable, más allá de que uno esté de acuerdo o no con la visión que proponen. La antipolítica es una bandera de los que saben que sus objetivos sólo son posibles si el pueblo está adormecido.
Aplaudo el despertar político, pero si me permiten una opinión, creo que deberían tener cuidado. Cuidado con que la mezcolanza de visiones no termine en un vacío de propuestas, en una mera confluencia anti-K sin ningún futuro. Cuidado con que los violentos y los antidemocráticos no les ocupen ese espacio que se abre. Cuidado con que el "odio a la yegua" no le gane a la búsqueda de argumentos más concisos y propuestas alternativas. Y cuidado de no estar siendo usados para favorecer los intereses de otros que sólo miran su propio beneficio.
miércoles, 12 de septiembre de 2012
Objetividad Periodística
Hace unos minutos, haciendo zapping paso por América Noticias. No sé por qué me detuve, porque el zócalo no era muy llamativo: "Villa Lugano. Intentan robarle el handy a un policía".
El periodista en el lugar se acerca a un vecino, para consultarle sobre el hecho, la versión del vecino sí me llamó la atención: "Había dos muchachos pegando afiches para un encuentro de box, viene un policía y les patea el tacho de engrudo. Cuando le preguntaron por qué hacía eso, respondió con un tiro."
Luego de semejante declaración, el periodista nos traduce: "El vecino nos informa que el policía intentó detener la pegatina y se produjo un forcejeo". Igualito, ¿no?
Obviamente uno no puede saber si el vecino dice la verdad o no; pero es claro que la afirmación del periodista no se deducen de las declaraciones del entrevistado. Tampoco yo sé qué gana en tergiversar las declaraciones de esa manera, pero debe haber algo fuerte, porque hay que tener la cara dura para cambiar las cosas así: ¡si yo acabo de escuchar la entrevista!
Sospecho que están muy acostumbrados a dar vuelta las noticias, o bien creen que los televidentes somos muuuy boludos.
En fin, la cosa continuó de las formas habituales: más preguntas, más respuestas en el mismo sentido, más reinterpretaciones "libres" por parte del "periodista". El zócalo seguía hablando de handies robados....
En fin, pasaron varios minutos hasta que intervino otra periodista desde estudios para poner paños fríos; habló de diferentes relatos según a quién se pregunte, uno por parte de la policía y otro por parte de los vecinos, una interpretación más digna. O al menos consistente con lo que mostraba la cámara. Y finalmente cambiaron el zócalo.
El periodista en el lugar se acerca a un vecino, para consultarle sobre el hecho, la versión del vecino sí me llamó la atención: "Había dos muchachos pegando afiches para un encuentro de box, viene un policía y les patea el tacho de engrudo. Cuando le preguntaron por qué hacía eso, respondió con un tiro."
Luego de semejante declaración, el periodista nos traduce: "El vecino nos informa que el policía intentó detener la pegatina y se produjo un forcejeo". Igualito, ¿no?
Obviamente uno no puede saber si el vecino dice la verdad o no; pero es claro que la afirmación del periodista no se deducen de las declaraciones del entrevistado. Tampoco yo sé qué gana en tergiversar las declaraciones de esa manera, pero debe haber algo fuerte, porque hay que tener la cara dura para cambiar las cosas así: ¡si yo acabo de escuchar la entrevista!
Sospecho que están muy acostumbrados a dar vuelta las noticias, o bien creen que los televidentes somos muuuy boludos.
En fin, la cosa continuó de las formas habituales: más preguntas, más respuestas en el mismo sentido, más reinterpretaciones "libres" por parte del "periodista". El zócalo seguía hablando de handies robados....
En fin, pasaron varios minutos hasta que intervino otra periodista desde estudios para poner paños fríos; habló de diferentes relatos según a quién se pregunte, uno por parte de la policía y otro por parte de los vecinos, una interpretación más digna. O al menos consistente con lo que mostraba la cámara. Y finalmente cambiaron el zócalo.
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